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COVIDIOTAS en Acapulco

Carlos Álvarez Acevedo (@CarlosAlvarezMX)*

Desde luego que se tiene que reactivar la economía en la región y a nivel nacional, todo ello ante la grave pérdida de empleo y carencia de lo más elemental para subsistir. Pero una cosa es hacerlo de forma gradual y ordenada, y otra muy distinta es aventarse como “El Borras” o como hilo de media de seda. El problema son las consecuencias y eso parece que las autoridades y la iniciativa privada de Acapulco no las están previendo.

No tiene mucho tiempo que durante un discurso que sorprendió a los alemanes -y al mundo entero-, Angela Merkel advirtió que la que viene podría ser la última Navidad “con los abuelos”, si no se adoptan más restricciones en aquel país contra la pandemia de la COVID-19. “Lo siento de verdad, pero pagar un precio diario de 590 muertos, desde mi punto de vista, no es algo aceptable”, dijo la canciller germana, una verdadera estadista.

Apenas ayer, 21 de diciembre, el Congreso de Estados Unidos aprobó un nuevo paquete de ayuda económica por 900 mil millones de dólares, un plan de asistencia en el contexto de la pandemia de la COVID-19, que incluye un cheque de 600 dólares por adulto y por niño para los hogares más vulnerables, así como 25 mil mdd en subsidios para vivienda y casi 100 mil mdd millones para apoyar a escuelas y guarderías a reabrir.

Sin embargo, en México, los estados han tenido que enfrentar las crisis con recursos propios, teniendo que hacer reasignaciones del gasto, ya que no han recibido recursos extraordinarios por parte de la Federación. Aunado a ello, en Guerrero no se implementó algún tipo de apoyo en materia del Impuesto Sobre la Nómina, ni tampoco medidas de apoyo directas al empleo. A lo mucho, los gobiernos estatal y municipal acapulqueño han dado dádivas, con comidas calientes, que no alcanzan a aliviar el gran porcentaje de pobreza extrema que existía desde antes de la pandemia.

Y es que a la par de que Acapulco es uno de los destinos turísticos más importantes del
país, también es una de las ciudades con una gran desigualdad socioeconómica y con mayor polarización social. Según el CONEVAL, el puerto encabeza también la lista de los municipios a nivel nacional con el mayor número de personas en pobreza extrema, seguido del municipio de Cochoapa el Grande, en la región Montaña de Guerrero.

La encuesta intercensal del INEGI del 2015, en la cual se basa el CONEVAL, Acapulco tenía 771 mil 454 habitantes, de los cuales 93 mil 513 viven en condición de pobreza extrema, lo que representa, por lo menos, el 12.1 por ciento del total de su población. Una persona se encuentra en situación de pobreza extrema cuando presenta tres o más carencias sociales y no tiene un ingreso suficiente para adquirir una canasta alimentaria.​​

Aunado a ello, el mismo CONEVAL reportó que Acapulco es la segunda zona metropolitana del país con mayor porcentaje de población (39.5%) con carencia por acceso a los servicios de salud. Y según cifras de la Secretaría de Salud municipal, hasta la fecha se registran 119 contagios y mil 233 defunciones a causa de la COVID-19 en el puerto.

A pesar de ello, Acapulco pasó en el semáforo de vigilancia epidemiológica, del color naranja al amarillo, mismo que estará vigente del 21 de diciembre hasta el 10 de enero próximo, con lo que se aumentará el aforo hasta el 70 por ciento de su capacidad a restaurantes cerrados, centros nocturnos, salones de fiestas y bares que operan en lugares abiertos.

Lo cierto es que sabemos que hay establecimientos que, por corrupción y colusión con las autoridades, operaron durante toda la pandemia al 100 por ciento de su capacidad. Esos mismos comercios nunca respetaron las medidas sanitarias básicas para resguardar la salud de sus empleados o clientes, a quienes tampoco les importó exponer su vida y la de los demás.

Ahora se viene una oleada de personas provenientes del Valle de México, los COVIDIOTAS. Este término no es insulto, al contrario, es un retrato hablado. “Una persona que actúa como un irresponsable idiota durante la pandemia de COVID-19, ignorando el sentido común, la decencia, la ciencia y las advertencias profesionales, provocando una mayor propagación del virus y la muerte innecesaria de personas”, según lo define ‘El manual del COVIDIOTA’, publicado por Ediciones Farraguas.

Por automóvil, autobús o avión, huyen de la capital de la República y del Estado de México, luego de que allá sí se decretara el semáforo de color rojo ante la saturación hospitalaria, así como el incremento de contagios y muertes a causa de la COVID-19. Y es que está suficientemente demostrado que la movilidad poblacional aumenta el pico de las gráficas.

Mientras tanto, en estas vacaciones decembrinas las playas, plazas, tiendas departamentales, restaurantes y bares de Acapulco, lucen repletos de gente (local y foránea) que no usa cubrebocas, ni mantiene una sana distancia. Ya en enero veremos, sin lugar a dudas, las consecuencias de nuestra estupidez e idiotez gubernamental y ciudadana.

*El autor es analista político.